martes, 30 de agosto de 2011

De qué me sirve la vida

Mi boca se duerme de nuevo
A la espera de tus besos,
Mis sueños se convierten en cuentos,
Poemas y versos,
Donde tu eres mi musa,
Mi vida y mi locura.

Te esperé sentado tras la reja de tu casa, impaciente. Conté las piedras en la banqueta y descifré las figuras de las nubes en el cielo. La que parecía un burro me hizo reir. Se que a ti también te haria reir.

El dia que me dijiste que no me volverías a ver mi corazón se seco como una pasa. No lloré ni rogué, pues no está en mi naturaleza, pero ah! Como sufrí.

Junto al río tirabamos piedras, jugamos a ser adultos y pensabamos en el futuro. Tu querías una boda en grande, te veías con tu vestido blanco entrando a la iglesia; preciosa, tranquila, mientras yo esperaba temblando, sonriendo estúpidamente deslumbrado por tu belleza. Te acuerdas Teresa?

Espere por horas y nunca llegaste. Se me ocurrió que estarías en casa de tu abuela y me dirigí hacia ahí. Tampoco te encontré. Caminé el pueblo por horas, con la mirada vuelta loca de aquí para alla. Que loco deben haber pensado que estaba los que me vieron por las calles.

Cuando conocí a tu padre y madre, y me pediste no dijera una palabra para que no se enteraran de mi proceder, pues tenías miedo que pensaran que un muchacho citadino solo venía a jugar con su hija, a corromper su inocencia, me callé como un árbol. Vivo, y sereno, pero en completo silencio. Y tú como el gorrión que canta, sentado en mis ramas, respondías por mí.
Te acuerdas cuándo me cantabas Teresa?

Cuando vi a tu hermano salir de la escuela al dia siguiente, le dí un susto que casi grita. Pero tienes que entenderme Teresa, no pegué un ojo en toda la noche. Mi cabeza daba vueltas y no de mareos, mas de vueltas a las dudas y razones de dónde podrías estar y por qué te estabas escondiendo. Se negó a hablarme de ti hasta que me vió llorar, como un niño sin chupeta, como un perro que se deja en el patio cuando todos estan en casa celebrando, como a un borracho en la banqueta. Pero borracho de qué Teresa? Me contó que te habias ido a Guadalajara a servir en un convento. Que no te buscara, que tu padre tomaría represalias. Pero no me importó Teresa, tu papá no me provoca el mínimo temor.

Ah! Cuando me dijiste que no volverías como sufrí. Sufrí por las palabras que salían de tu boca, como ensayadas y vacías. Sufrí porque en tu cara no veía ni una gota de remordimiento, una señal de amor, de que te dolía como a mí. Sufrí porque te creí. Sufrí porque te dejé ir.

Pasé días en cama, con fiebres y delirios. No creí que lo decías en serio Teresa. No creí que faltarías a nuestra cita diaria; a la hora que esperabamos siempre, desde el minuto en que nos separabamos nuevamente. Mis padres preocupados me trajeron por la fuerza de vuelta a la ciudad. No sé de dónde saqué las fuerzas pero me resistí tanto como pude. Pero el llanto de mi madre suplicando fue más fuerte.

Un año ha pasado y al fin te he encontrado Teresa. Mi Teresa.
Fui a todos los conventos en Guadalajara, seguí pistas y pasé hambres. Regresé a Sahuayo a buscar a tu padre; a retarlo a un duelo por tu mano, por informacion de tu paradero, por venganza, yo qué sé. Pero cuando volví ya no vivía nadie en tu casa.

Y hoy aquí estás.
No en un convento ni en una iglesia. No en Sahuayo ni con tu padre. Te encuentro en un parque tomada de la mano de otro hombre, sonriéndole al sol cuando el acaricia tu vientre. Ese vientre que tantas veces besé yo.

Estoy seguro que tu no lo quisiste así Teresa. A ti no te culpo. Seguro el loco de tu padre te forzó, seguro fue tu madre que nunca me vió con buenos ojos.
Tengo que rescatarte de tu sufrimiento. Darte el amor que te mereces, y tu bebé, nuestro bebé, podrá dormir tranquilo en nuestro lecho mientras crece. Luego le daremos un hermanito para que juegue.

De qué me sirve la vida Teresa, si tu no estás en ella?

Esta noche al fin estaremos juntos.

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