viernes, 22 de marzo de 2024

 1 June 2020 5:36 am


We recurred to poetry not because it was in vogue 

But for salvation 

Because we were hurting

Because we are still being killed

We are the minorities

The misunderstood

The colored people, the effeminates

The weird and the crippled 

The ones you don’t want to see and

rather believe don’t exist

So you strip from us from our freedom

From our basic rights

From our lives.


We are no longer the few, the silenced by 

your hatred 

We are the sick and tired of your tyranny 

We are the restless ones hunting you in nightmares

Burning down your houses

your peace of mind.

While you lay sleeping we are scheming 

We are raising hell on earth 

For we learned to live in flames

And are about to show the heated heart and minds of a generation that has had enough,

and is gasping for air. 

We are breathing. 


Irving Diptera

jueves, 14 de septiembre de 2023

Sin Licencia

 En casa, Dios fungía un cargo gubernamental más que el de figura moral o maestro. Ante cualquier posibilidad de entretenimiento, viaje o disfrute, aparecía su nombre, elevado entre las altas esferas del poder, "Si Dios nos da licencia" murmuraba mi abuela después de cualquier plan a futuro. Yo me lo imaginaba no muy lejano a la idea occidental del todo poderoso, un hombre blanco cis heterosexual sentado en un alto taburete en una sala de magistrados, con peluca blanca y rizada, la cara empolvada y vestido de una toga negra, con la nariz respingada y mirada incrédula, esperando el momento de responder "No doy licencia". Conforme fui creciendo y a la par que despertaba mi ambición, aparecían más variantes de esta misma frase. Cuando le conté a mis padres que quería ingresar a la Universidad de Cine mi padre cuestionó por qué no una profesión con mayor opciones de trabajo y mejor redituadas, mi madre abogó por mí con una carta que no pensé sería difícil de refutar pero probó ser inmune, -Déjalo que haga el examen y será lo que Dios quiera-. Dios quizo. Después de media carrera el que ya no quizo fui yo, pero supongo que la licencia ya la tenía, y al no haber firmado ninguna carta compromiso o algún contrato, no me veía obligado a terminar una licenciatura que me producía la sensación de cortar lazos con mis ilusiones artísticas más que de producirlas. Así que lo dejé y decidí irme al extranjero a estudiar teatro. Mi madre supuso que vender un terreno que tenía casi en el abandono me vendría de ayuda, - Lo pongo en el mercado y Dios mediante, sale dinerito para tu viaje-. El terreno se vendió y Dios medió para que me dieran la visa y en Nueva York caminé mis primeros pasos como actor latino en la gran busca del éxito, el siguiente Gael García, la versión masculina de Sofía Vergara pero con mejor acento. Dejé de contarle a mi madre de mis planes, me supuse un futuro certero y directo al éxito, mis compañeros de clase me invitaban a fiestas y teatros, planes difíciles de pagar, así que sin permiso legal comencé a trabajar en un restaurante los fines de semana, tomaba clases y hacia audiciones, la película del sueño americano ya estaba en movimiento. "Call back" para un cortometraje, audición para un personaje importante en una obra Off Broadway, Masterclass en una de las escuela más prestigiosas, cientos de dólares en propinas  y todo antes de Navidad. La seguridad que todo esto me confería me situó en un pedestal, del cual  nadie avistaba caída. Decidí comprar vuelos a las paradisíacas playas de Cancún para mí y para mi madre, sentía que me merecía un descanso y era un gran regalo de cumpleaños tardío y un obsequio navideño adelantado para ella. Una semana hermosa entre el mar y el sol, partidos de volley en la arena con grupos de europeos y mojitos helados al atardecer. Le conté a mi madre de mis planes, de como podía oler el triunfo acercarse a lo que ella respondió, - Me da mucho gusto hijo, primero Dios así será- me hirvió la sangre y le di un sermón en el cual le explicaba que el resultado de mi trabajo era un mérito mío y de nadie más, que mis acciones me habían puesto en el lugar en el que me encontraba y que Dios no tenía nada que ver con esto, ella me miró en silencio, en sus ojos podía observar que mi agnosticismo le enfurecía, pero no dijo nada. Al día siguiente nos despedimos cariñosamente y prometí visitarla pronto, de llamarla con todas las buenas nuevas. El vuelo de conexión a Nueva York salía de Houston, una fila corta en la aduana, lo que me causó sorpresa, cuando un guardia se acercó a mí y me pidió le acompañara a las oficinas de migración entendí por qué no había tanta gente formada, antes siquiera de la entrevista pre seleccionaban a personas para hacerles revisión sorpresa. Buscaron por toda mi computadora, facebook, email, revisaron mi celular, fotos, mensajes... y encontraron uno del restaurante dónde trabajaba, tres renglones donde me pedían cubrir ciertos turnos la quincena próxima, un texto prueba de que estaba trabajando de formaba ilegal en el país. Varias horas después estaba subido de nuevo en un avión con destino a Cancún, México. Ha de suponerse que si hay un Dios, es verdaderamente omnipresente  y rencoroso que al haber escuchado mi alegata de la noche anterior, y al no haberle gustado el tono en mis palabras y al humo que se había elevado a mi cabeza, decidió retirar la licencia anteriormente otorgada. Habrá que hacer nuevos planes, la vida en la Playa no debe ser tan mala, quizá pueda abrir un bar o una compañía de Teatro, claro, todo esto únicamente si Dios me da licencia.

Alquitrán

Se quita de encima mío y se recuesta junto a mí, su respiración aún acelerada, su hombro rozando el mío con cada elevación de su pecho peludo, de su ligera barriga. Observo su boca entreabierta, conozco los movimientos exactos que va a realizar.  Se reincorpora torpemente recostándose primero sobre su costado, bajando las piernas y apoyando los pies al suelo, me hace pensar en un viejo o un enfermo, me cuestiono por qué un ser que me remite a la muerte puede parecerme atractivo. Se inclina y estira el brazo emitiendo una respiración sonora, toma su pantalón y de uno de los bolsillos aparece una cajetilla de cigarros, una boca podrida se abre y muestra cuatro filtros amarillos como dientes, toma uno y lo pone entre sus labios, busca en el otro bolsillo y saca un encendedor amarillo también, carraspea mientras gira la rueda y genera una diminuta flama, mantiene presionado el pulsador quemando la punta del cigarrillo ya encendida. Saca una larga bocanada de humo elevando su rostro al techo, cerrando los ojos, inclina su barbilla al pecho, mueve la cabeza de lado a lado relajando el cuello, una tos grave lo invade, cubre la boca con su hombro. Le toco la espalda con el dorso de mi mano, gira la cabeza y sonríe mientras humo sale de su nariz y boca creando una nube que con la luz que entra por la ventana le coloca un halo que lo hace parecer un santo, cuando junta los labios estos desaparecen entre el largo bigote y su abultada barba, sus ojos azules y su nariz puntiaguda le dan un aspecto bíblico, serio y bondadoso. ¿Es eso lo que me atrae de él, que parezca un discípulo de Cristo que coge con hombres? Le pido un cigarro y sus ojos se achican, cuestiona, pues nunca me ha visto fumar. Me gusta su olor antes de ser quemados. Me pasa uno y toma el cenicero de concha de mar del buró y se re acomoda sobre la cama, su espalda contra la cabecera, sus piernas extendidas, su mano sostiene la concha sobre su monte de vello púbico. Me incorporo y me siento como él, tomando el cigarrillo con mis dos manos lo giro hacia el frente y tras con mis dedos pulgares e índices, admiro el alisado perfecto del papel, la firma dorada en el filtro, tan frágil y potente. Lo acerco a mi nariz y lo deslizo desde el filtro hasta la punta, dejando que el aroma se impregne en la punta de mi nariz. Inhalo profundo. El olor a tabaco me traslada a mi niñez, a personajes familiares de los cuales recuerdo sus rostros marcados por arrugas pero no sus nombres, a anocheceres corriendo entre campos y animales de rancho. Noto que junta los labios y los empuja al frente al sacar el humo, soplándolo en dirección a la punta incandescente del cigarrillo que sostiene, pareciera le silba una melodía, como si intentara refrescar la brasa con el frío de su aliento, pero lo que hace es afilar el cigarro como a un lápiz rojo para dibujar. El olor tóxico de su humo domina y borra el aroma de mis recuerdos. Por sus manierismos intuyo que tiene una vida fumando, sus bigotes rubios esconden bien el rastro de su vicio. ¿Podría yo hacerlo adicto a mí? Adicto de la misma forma que lo es a los cigarrillos, convertirme en una necesidad inmediata al despertar, después de un café o de comer. Ser yo el aglutinante de sus horas y sus días, el objeto de deseo para sus labios. Ser yo por quién entrega su vida en sacrificio en cada inhalación siendo completamente consciente de las consecuencias de mi consumo. El compromiso inquebrantable. Ser su marca favorita, a quien quita con fervor su envoltura como a un regalo en navidad. 

Presiona la brasa restante contra la mancha negra dentro de la concha haciendo un efecto acordeón a lo que resta del cigarrillo, una estela de humo se eleva y desaparece, extiende su brazo y lo deja sobre el buró. Gira su cuerpo y se pega al mío, respirando caliente sobre mi cuello, entreabriendo los labios para succionar mi piel, luego besarla y después acariciarla con su lengua. Acerca con una exhalación su nariz a la mía, puedo sentir el olor calcinante del tabaco mezclado con miles de químicos, sus labios rozan los míos, sus dientes los muerden, su lengua empuja la mía y siento su saliva caliente, el sabor a brea inunda mi boca y me provoca asco, alejo mi rostro y él baja de nuevo a mi cuello, continúa por mi pecho y  abdomen, miro al techo y contemplo la posibilidad de que se extinga el deseo, exhala tibiamente en mi ingle y se eriza la piel de mi nuca, dicen que un orgasmo es como un cigarrillo, exquisito y corto, un placer inmediato que te deja deseando el próximo.

jueves, 29 de diciembre de 2022

Ánima

 El dolor punzante me obligó a despertar. Sus ojos negros penetrantes me miran fijamente a los ojos. Nunca fui bueno para los duelos de miradas. El zumbido agudo en mis oídos me hizo dudar si no seguía dormido. Un pedazo de carne colgaba de su pico teñido de tinto, pensé en el rancho de la abuela y en el guajolote que gugluteaba día y noche sin dejarnos dormir, en la protuberancia carnosa que le colgaba de la cara como un moco rojo y grotesco. Pensé en el mole mancha manteles con que lo sirvieron en la fiesta de quinceañera de mi prima Maite. 

Con un movimiento brusco y rápido el ave dió otro picotazo a mi pierna, produciendo de mí un grito gutural que no tenía idea que podía producir. Extendió sus alas negras cual paracaídas de emergencia y de un ligero salto se alejó dos metros de mí, posándose ligeramente de nuevo sobre la tierra. 


Hacía días que me acompañaba, o que le acompañaba yo a él. Ya no sé si yo lo avisé primero o él a mi. 

¿Ahora qué más da? Lo que no ha cambiado es que el ingrato me sigue calculando desde arriba. 


Cierro los ojos y respiro profundo, mi garganta seca me exige trague saliva que no tengo, abro los ojos y busco a mi alrededor. Juancho pasta apacible bajo la sombra de un laurel, la cantimplora de cuero cuelga de su ijar izquierdo. Menos mal no le mordió la cascabel, sonrío al verle con vida y crujen mis labios, el sabor a hierro inunda mi boca. Me sorprende que no haya seguido sin mi. Su estupida fidelidad animal será mi muerte. 


El sol está justo encima mío. ¿Qué estarán haciendo mis mujeres en casa a esta hora? Martina debe estar moliendo el maíz en sus enaguas blancas, hincada sobre el petate viejo. Lo contenta que se iba a poner cuando viera que le traía otro más grande que hasta se puede dormir en él. La pienso dándole duro al metate, quitándose los cabellos negros que se le salen de la larga trenza negra y que rebeldes se le vienen a la cara. Naila y Lila deben estar acarreando el agua del río. Jugando contentas de que su papi ya casi está de vuelta, salpicándose de agua y contándose secretos sobre los muchachos que las cortejan de las rancherías vecinas. 


Calor húmedo comienza a recorrer mi abdomen y piernas, la tierra bajo mi cintura cambia de amarillo a marrón, el zopilote da dos pasos pequeños hacia mi, seguro, emanando la confianza de un tanque de guerra. 


Una nube en forma de ballena nada sobre el sol y me ofrece sombra por unos minutos. Mi vieja se ríe de mí desde atrás del agave. Le digo que no se burle, que mejor me ayude a levantarme, que no puedo moverme. Se ríe más fuerte y me dice que esto me pasó por pendejo, por meterme en asuntos que no me corresponden. Nunca le gustó que me inmiscuya en la política, si la vieja supiera que por mi es que no nos quitaron las tierras. ¡Dale vieja! Que me duele mucho y Martina y las niñas van a estar preocupadas. Se acerca sigilosa y acaricia la cabeza del chingado zopilote, luego se arrodilla junto a mí y me incendia con un chorro de mezcal los labios. -Que vergüenza haber parido a un traidor-. 


Las tripas del zopilote rugen y extiende de nuevo sus alas. -La paciencia apremia-, me parece escuchar decir a Juancho en forma de despedida, antes de echarme una última mirada coqueta e iniciar su andar contento en dirección a casa, me parece haberle visto sonreír. -Hay un punto en que tu cuerpo deja de sentir dolor por completo, si te sirve de algún consuelo-, dice el zopilote, antes de comenzar a recitar una oración de agradecimiento a la madre tierra por este sagrado alimento. Escucho las voces inteligibles de varios hombres a caballo a la distancia,hacen bromas y se ríen en voz alta, se la están pasando bien. ¿Verían a Juancho cabalgando sonriente entre los cactus? Una sensación de tranquilidad inunda mi pecho, mis párpados pesados raspan como lijas mis ojos, decido no abrirlos de nuevo y solo se me ocurre enunciar con toda sinceridad -Buen provecho-. 



Cachivaches

 Cuento weck, sueck, fueck y pego un gran salto para agarrarme de la termosfasa y ahí me quedo changueando por weck, sueck o hasta que mis falongos me duelen y me dejo caer de zopetazo. 

Mamu dice que la termofasa cuesta muchos lularis y es un obsequio de su Mamu y que si se destrompeta me va a cortar mis falongos y me los va a dar de manguear. Papu dice que es el obsequio más fespantoso que xiste y mejor le biera obsequiado los lularis. Mamu es buena pero cuando Papu se desapreta varios días leia toma mucho de su vinito que guarda bajo la lechoneta y se trasforma en una arañona y destrompeta cosas y salta por la chanta y chillotea hasta que se muerme en la lechoneta por todo un día. 


Cuando leia muerme yop jogo por toda la chanta pero con mucho cuidadito hasta que leia despierta con dolor de matesta y corciona una yumi sopita de caracola. 


Todavía no ha despertado y yop ya he jogado mucho y ya estoy burrido de tanto saltar. Así que he pensado darle a Mamu una gran surpupesa. Voy a poner la chanta muy requete croqueta y le voy a hacer un vestido para que se sienta como una de las pirimpesas de cuento. Sempre chillotea que Papu nunca le rechulea las piernotas y quesque yo creo que no se las pueden rechulear si no se miran con ese vestido enaguón, así que garro las tijeretas y lo hago más chiquito. Lo demás del vestido voy a usarlo como una cortina que changuee en el termofaso y la chanta parezca un castillo. 


Le voy a corcionar también su yumi sopita de caracolas para que le duela menos la matesta. Hago el fuogo en la cocineta y echo lagua y la sopita de caracolas con la bolsona de sal. Tueck minutos de espera y gualá!


Mamu se despierta y hace un chillotazo cuando chismosea el vestido tijereteado en la reposadera. Escondo mis falongos en las bolsas de mis chores y me hago pis sin querer. Mamu no se trasforma ni destrompeta nada, dice que leia traibaba ganas de arreglar ese vestido y me hace piojito en la matesta. Proba la yumi sopa de caracolas y dice que tiene mucha sal pero le echa limones y chile y la repara. Se pone el vestido tijereteado y dice que las piernonas si que se miran rechuleables con los tacones realtos. Luego se cuesta otra vez en la lechoneta y se muerme otra vez. 


Yop me meto a la regadera y me limpio la pis y me cambio mis chores por unos más secos. 


Se escuchan los botines de Papu en las escalonas y me congelo como la termofasa. Esto se va a convertir en unas luchas de veras. Me recompreso adentro de la cajonera y me quedo en mucho shhshh como me enseñó Mamu. 


Papu entra pasito a pasito en mucho shhshh también, puedo chismosear por un orillete de la cajonera que viene todo ensangrentado y con el ojo mugreteado que seguro no puede ni chismosear por ahí. Se para a lado de lechoneta y chismosea a Mamu, luego le echa arriba todo su vinito y Mamu se despierta chilloteando. Papu grita que dónde está el cabrio para matarlo, Mamu le dice que no hay ni un cabrio que está loco y Papu destrompeta la chanta buscando el cabrio y Mamu le dice que pare pero el sigue y jala la cortina del termofaso y se cae al piso en milientones de piedracitos. Mamu chillotea y dice que es lo último que tenía de su Mamu y se trasforma en arañona y le pega arañazos a Papu que la rempuja y la garra de los pelos y echa a la lechoneta. Yop pongo mis falongos en la boca pa no chillotear y que no me chismose Papu que agora está sentado sobre una almohada en la matesta de la Mamu que se repatalea y repatalea hasta que luego se congela y ya no repatalea más. 


Papu se para y se toma lo que queda del vinito. Se me sale un respiro muy fuerte y Papu se acerca a la cajonera, me congelo otra vez. Papu abre la cajonera y me chismosea por weck, sueck, fueck segundos y luego se va. Me quedo congelado en la cajonera mientras el ruido de los botines se aleja por las escalonas.  






Costumbres Pt2.

 Sembró mensajes por la casa como huevos de pascua. ‘No quiero que me quemen, el fuego siempre me ha provocado mucho terror. Asegúrate de que me entierren sin cajón en alguna huerta y que planten un mamey encima mío, siempre me ha gustado el mamey’. Nunca la vi comer un mamey. No tengo un solo recuerdo suyo comiendo alguna fruta. Ahora que lo pienso no la recuerdo comiendo otra cosa que no fuera pan. Cualquier tipo de pan, le daba igual, dulce o salado, artesanal o de paquete, relleno de cremas o seco y duro, sus favoritas eran las donas cubiertas de caramelo con trocitos de tocino. Sí recuerdo verla comer la masa cruda antes de hornear mientras charlaba tranquilamente sobre los árboles genealógicos del guión de la novela de las nueve, picando pedacitos de harina mojada y haciéndolos bolita antes de meterlos a la boca, mientras Marta la cocinera escuchaba sus teorías. 

Pero si se tomó el tiempo de escribir una nota y esconderla dentro de mis calcetines amarillos, esos que sabía que me gusta usar los domingos, así no objetaré y habré de creerle. 


Un lunes al llegar a la oficina, retrasado en proyectos y con los clientes tercos al teléfono, recibí no menos que diez correos electrónicos suyos con ‘Urgente’ como asunto, en los cuales numeraba por órden de importancia dramatica las canciones que debían tocarse en su funeral. En ese momento me enfurecí y decidí no contestarle, pero debo admitir que la hora de la comida la dediqué a crear el playlist.


Su afición por la muerte me causó preocupación cuando comenzamos a salir. La primera mitad de la cena me contó de cómo sería su muerte ideal si pudiese elegir (por asfixia), y la segunda mitad me interrogó para averiguar si tenía mi vida (y muerte) en orden, pues consideraba como el acto más egoísta no tener seguro de vida y gastos funerarios saldados. Aprecio la tradición mexicana de celebrar la transmutación, pero dudé del estado de su salud mental. 


Tenía una cadencia al hablar que te hacía pensar en aves planeando sobre la costa. Sabías que algún otro pensamiento había aparecido cuando de la nada se quedaba callada, a veces detenía su andar. Nunca supe qué tipo de imágenes o sonidos inundaban su cabeza, pero sé que eran oscuros, pues era difícil lograr hacer que sonriera de nuevo por al menos una hora.


Al año nos mudamos juntos. ‘El vestido amarillo colgado dentro de la bolsa blanca, al fondo del clóset, es con el que quiero que me velen. Que a nadie se le vaya a ocurrir dejarme ir en ropa aburrida y olvidable, ordinaria’, fue la primera nota que descubrí, hecha rollito dentro de la caja del cereal. Los días con ella transcurrían fugaces y divertidos, no había manera de mantenerla quieta. Algunas mañanas me despertaba tocando una trompeta vieja que no tengo idea de dónde sacó, vestida como exploradora, con un mapa en la mano y la camioneta encendida. También decidió que no había manera de que celebremos un cumpleaños más en casa, así que cada año, el día primero, compraba boletos de avión a una ciudad diferente para su cumpleaños y a otro país por el mío (a solo cuatro meses de separación). 


Hablaba de las mil y un maneras en las que se puede morir viajando. Investigaba las causas de fatalidad más comunes por edad o el mayor índice de criminalidad por poblado al lugar que estuviéramos visitando. Las probabilidades de recuperar un cuerpo, dependían de la actividad turística que estuviéramos practicando. 


La muerte estuvo siempre latente en nuestras vidas, aprendí a no temerle y gozamos de treinta años juntos. Su partida fue rápida e indolora, en una mañana soleada de primavera, conmigo a su lado, tal como ella la eligió. La huerta también la había elegido ella, me dejó saber en el primer mensaje de whatsapp que jamás escribió. El árbol lo elegí yo. Un trasplante de tres años,  el siguiente año podría comer sus primeros frutos.  Cuando finalizó la ceremonia la encargada de la huerta se ofreció a mostrarme donde crecen las hortalizas, cómo supo que siempre me han gustado los tomates.


Prefiero no

 Me acuerdo del ruido del tráfico, las risas de los borrachos celebrando por las banquetas, del chico con su caja llena de cajetillas de cigarrillos y cacahuates, paletas, no debía tener más de catorce años y debían pasar de las tres de la madrugada, ¿No tiene escuela por la mañana?. La conversación era inevitable. Días de penumbra nos habían estado siguiendo, una espesa niebla que se aferraba a nuestros tobillos cual grilletes. - Irme contigo sería la peor idea-, al fin logré articular; entumecido por la ketamina no tuve tiempo de organizar mis ideas, como acostumbro  hacer. 

- ¿Soy la peor decisión que podrías tomar? 

¡Detente ahora! Pensé, testigo de mis palabras tropezando apresuradas entre ellas. - No lo digo de esa manera, no es eso lo que quiero decir - 

- ¿En qué momento llegamos a esto? Justo lo que no queríamos-, murmuró para ella. 

Cada letra que salía de mi boca se sentía más ligera que la anterior, más torpe y sin valor:

-Me refiero al momento en que estamos. Que yo duerma en tu casa solo va a confundirnos más, complicarnos más-. 

Parecía que la niebla había cobrado fuerza y nitidez, se elevaba hasta mi pecho, y al inhalarla se asentaba en mis pulmones, solidificándose, dificultando mi respiración. 

- El confundido aquí eres tú, yo sé lo que siento por ti. Y a pesar de lo que digamos o no ahora, yo sé que no soy una mala decisión-. 

El abrazo duró más de lo necesario, sus cálidos besos disparados en ráfaga silenciosamente detrás de mi oreja me tensaron por completo. Debí serle sincero. Decirle que no la amaba más. No como antes. Y que me encontraba cada día más distante a la forma que ella esperaba que lo hiciera: en el futuro y con planes. Debí decirle que la niebla se había acumulado, sobrepasándome en tamaño, que me abrazaba y me impedía ver un paso adelante, que solo existía la posibilidad de luz en un camino alterno, al que sin notificarle ya había decidido recorrer, pero sin ella.  


Me acuerdo amargamente de tus ojos azules, del olor rancio de tu sudor. El autobús se detuvo en la frontera de Las Chinamas del lado de El Salvador, y había que caminar diez minutos hasta la Aduana de Frontera de Valle Nuevo en el lado de Guatemala, el autobús nos encontraría del otro lado una vez sellados nuestros pasaportes.

Me acuerdo de tus botas de campamento y de tus shorts verde militar recortados y doblados cinco dedos arriba de las rodillas para mostrar tus piernas torneadas, tu camisa sin mangas rota y tus collares de alpaca que te regaló uno de tus ex amantes hippies. Me acuerdo de sentir fuego en el estómago de lo molesto que estaba contigo y de lo furioso que estaba conmigo por haberlo dejado todo para viajar por amor… Me acuerdo de todo esto y algo dentro de mi estómago se retuerce al saber que tú no lo harás. Tres semanas antes había descubierto que además de tu inofensiva adicción a la marihuana consumías diez ansiolíticos al día, y que lo hacías desde antes de conocerme, que fue parte de tu rutina matutina por los seis meses que llevábamos de relación. 

Me acuerdo de tus lágrimas pidiéndo disculpas por no saber qué habías hecho mal, de tu esfuerzo por hablarme en español y de mi resistencia en seguirte hablando en inglés. Me acuerdo de sentirme estúpido en ese bar en Costa Rica donde me dejaste sentado mientras ibas al baño con un amigo y del que no volviste en dos horas porque la cocaína te había sentado mal. Me acuerdo de hacer mis maletas y de ti corriendo detrás mío para impedir que me fuera sin tí.

Me acuerdo decidir dejarte mientras dormías apacible sobre mi hombro una vez que habíamos subido de nuevo al autobús. Seis horas más y llegaríamos de vuelta a nuestra casa en el Lago Atitlán y al fin terminaría ese fin de semana infernal. Me acuerdo del atardecer entre volcanes, de la neblina sobre el lago, de tus dedos entre los míos mientras me prometías mejorar. Me acuerdo de asentir con la cabeza, pero lo que más recuerdo es el espacio inmensurable que apareció entre los dos.

 


viernes, 7 de septiembre de 2018

Cruising

Pretenderé olvidar
Tu rostro en la neblina
Era neblina? O salitre?
Un velo de brisa blanca,
fantasmagórica
que cuando se ilumina con la luz de los autos
Parece que todo se detiene
Como en pausa
Como en set de grabación
Pero tú y yo no estamos en una película
Ni las olas que se azotan contras las rocas y nos mojan las espaldas
Y las piernas
Que enlazadas significaban algo
No sé si importante,

pero algo.
El filo de las rocas en mis rodillas ,
El sudor en tu cuello,
la sangre en mis jeans,
Empapados los tobillos siento frío,
Mis manos que te apresan y tus hombros que se escapan,
Y mis labios
que tiemblan
y mis pies que indagan
y que encuentran el camino a ciegas
Y trepan y te siguen
Que a tientas buscan la arena,
que te buscan
Y metros adelante tu nuca,
perdida en la oscuridad hasta que pasa un coche y te ilumina
Y se detiene de nuevo el tiempo,
Y por segundos se reajusta la escena y giras tu cabeza un poco
y me miras
Y parece que significa algo,
quiero que signifique algo, pero no puedo estar seguro,
Y sigues caminando
y cada segundo caminas más a prisa
Hasta que te haces uno
Con la oscuridad.

Hvgo

Susurro versos en botellas de vino por si alguna termina en el mar y no se atora en el sargazo con las otras quinientas toneladas de basura y de mensajes y que las corrientes del sur combinadas con el viento del norte aunadas por la suerte adquirida por reliquias y omens provoquen la casualidad que una de éstas cruce el océano Atlántico y en una tarde de invierno, en que te sientas solo y vacío contemples la puesta del sol desde una playa gris y fría y te invadan los recuerdos de tardes cálidas en México y de aquél amanecer de resaca y lágrimas en el aeropuerto y que el vino tinto te caliente las tripas y suspires profundo y vislumbres a pesar del humo de tabaco que entre la espuma y la arena una botella de vidrio con un mensaje invisible está llegando para ti. Y la destapes con cautela y la acerques a tu oído derecho que escucha mejor que el izquierdo y cierres los ojos poniendo atención a cada palabra que susurran mis labios deseando tus labios y sonrías tiernamente como; si mi mente no me juega trucos, sonreías la mañana en que juntos admiramos las nubes y escaleras de muro que llevaban al cielo en aquella azotea del centro en el after party en la que hablamos de vidas pasadas y futuras en las que ambos estamos pero solo en recuerdos y en poemas pretenciosos sin dedicatorias ni firmas y te acomodes el gorro y líes otro cigarrillo y te lo fumes caminando de vuelta a tu vida en presente y futuro sin mí.

viernes, 14 de octubre de 2016

29/15

Sueños de desesperación, aprisionamiento, frío y abandono, sueños de espera,
de vergüenza.

 Te veía dentro de una casa sin
techo a la orilla de una
playa nevada. El viento me
obligó a sujetarme al marco,
la corriente azotó las paredes
con fuerza, la ola te clamó
como suyo.
  Me miraste a los ojos, mis
ojos frío como el mar, los
tuyos desconcertados, suplicantes
como la madera de este lugar,
pediste mi ayuda mientras eras
halado a la oscuridad, yo
acepté dejarte ir. Pero algo en
ese azul infinito de tus ojos
me obligó a tomarte de la mano.
 A la noche siguiente eras el
guardia de la prisión, pero logré
escapar.
 Me uní a un grupo de circo
que me llevó a la mujer que
me leyó mi suerte.
"No te estabas buscando, simplemente
no era el tiempo para ti. Pero
ahora sí es momento de volver. Grandeza
viene para ti".

Desperté decidido a dejarte
pero el transcurso del día,
de los días, me recordó que
somos nuestras decisiones, y
yo decidí dejar de correr.
Esta vez me quedo y lo arreglo,
y si no tiene solución, nos vamos
los dos.
Develé los secretos detrás de su belleza y me sentí desilusionado, pues solo se encontraban imágenes de sexo y drogas. Me pareció tan lejano a esa primera impresión.
El dios griego se disolvía como pintura de agua en una fachada bajo la lluvia y permitía la existencia de un ser inferior y decadente, otro mortal.

Busqué y encontré sus defectos; el rancio olor de su sudor después de días de tomar tramadol, su facilidad para ganar peso, la distorsión de su rostro al sonreír de manera honesta y natural. Lo encontré ordinario, casi vulgar.


Sensaciones que atormentan
Hay que dejarlo todo atrás, que su propio peso lo hunda hasta las profundidades del lago con los tesoros perdidos de El Dorado, que las lluvias lleguen y hagan difícil rescatarlas en la inundación.

Siempre queremos saber más, creemos que la verdad nos hace libres pero hace más que eso. Nos hace celosos y resentidos. Saber más y sentir menos, eso es lo que queremos lo que nos sentimos enteros y seguros, o creíamos que lo eramos.

Toda una vida determinado a ser autosuficiente, autodidacta, extraordinario, pero la única manera de hacerlo tangible es con el reconocimiento de alguien más. Que egoísmo buscar la adulación. ¿Cómo recuperar la confianza? ¿Ser buenos (éticamente hablando) para qué o para quién?

Buscaba complicidad y lo que encontré y ahora me viste, es inseguridad.

Soy una prostituta cibernética.

Mi error yace en romantizar todo.
En tratar de darle un sentido y un valor a los momentos, en buscar "omens" y la semiótica del sueño.

El que sale a buscar lo que no necesita encuentra solo lo que le hace vulnerable.
Somos parte del "todo" pero el "todo" no puede ser parte de uno, porque no somos capaces tolerarlo.

Si hay que darse como el mar, yo quiero ser el mar muerto. Mantenerlo todo en la superficie, que en mí nada toque fondo.
  "Darlo todo por perdido..."

Que los orgasmos rutinarios ya no me produzcan acidez estomacal, que las pasiones efímeras no me provoquen conflictos más grandes o más duraderos a una erección. Y que lo me conforma: cuerpo, mente y alma, vivan en planos diferentes, a menos que yo decida lo contrario.

Soy como la avizpa que buscando la salida quedó atrapada en una telaraña en la esquina de la ventana, aunque en días anteriores me llegué a sentir la telaraña.

lunes, 9 de marzo de 2015

Perder la conciencia. La cordura. El tiempo.
Las ganas.
Perder el vuelo. El dinero. Perder la cabeza
por alguien.
Por todos.
Porque puedes. Porque si.
Perder el juego. Las llaves. La vergüenza.
Pierde el sueño.
Los sueños.
Piérdete en ti.
Piérdete tú.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Parado en el camellón que divide la avenida que me indaga y me presiona. A la derecha la cordura, la tranquilidad, la estabilidad. A la izquierda, tú.

martes, 2 de julio de 2013

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No se molestó en pinchar en el brazo al éxito,
que se quedó dormido en el camión.
Y se perdió.
Ni de regar de vez en cuando a la
esperanza, que se secó, solitaria
en el balcón.
Como aquél que dejó al amor en la secadora y cuando
recordó sacarlo no encontró más
que una peluza del tamaño de
un botón.
Tales son las prioridades en la
vida...
Que pérdida de tiempo escribir
mis propias letras: mejor hubiese dado
click, en algún botón
de "compartir".

miércoles, 9 de enero de 2013

Tell me a bit about yourself Mr. Caveman

The details of my life are quite inconsequential.... very well, where do I begin? My father was a relentlessly self-improving boulangerie owner from Belgium with low grade narcolepsy and a penchant for buggery. My mother was a 15-year-old French prostitute named Chloe with webbed feet. My father would womanize; he would drink. He would make outrageous claims like he invented the question mark. Sometimes, he would accuse chestnuts of being lazy. The sort of general malaise that only the genius possess and the insane lament... My childhood was typical: summers in Rangoon... luge lessons... In the spring, we'd make meat helmets... When I was insolent I was placed in a burlap bag and beaten with reeds—pretty standard really. At the age of 12, I received my first scribe. At the age of 14, a Zoroastrian named Wilma ritualistically shaved my testicles— there really is nothing like a shorn scrotum—it's quite breathtaking... I suggest you try it. It was at this point I realized my dream is to become the next Al Borland. I really enjoyed watching his majestic body glide across the set of tool time, as his rough, calloused hands worked the tools. How the azure sunset blended beautifully into the flannel vest-of-glory he so magically displayed. The essence of time, and the memories I reminisce remind me of the hours of self fellatio and the dreams I had of sharing a log cabin with a man of the wild. Cain Ducote by way of Austin Powers

jueves, 29 de noviembre de 2012

No hay mejor regalo que una poesía

Veo a mis sueños golpearme la cara contra las rocas con la fuerza de todos los océanos. Qué importa si de noche me cobija el fracaso y por la mañana me vuelvo a vestir del mismo error. Soy un breve fragmento de mi subconsciente bailando con unas zapatillas rosas. He de ser más que un animal díptero que no ha volado pero está cerca. Frente al dolor mundano tengo una valla eléctrica que solo a servido para aniquilarme. Puedo ver a los árboles copulando desde esta ventana y al universo arrastrando su falda sobre las estrellas. Mis ojos se han transformado en espacios negros haciendo una región infinita de mi cadáver. Esa masa, ese campo de luz que se convirtió en sombras. Abro la puerta de mi habitación y detrás esta otra puerta, seguido de eso, solo está el vacío. Ese tragaluz en mi cabeza que logra iluminar mi silla en donde senil se mese mi soledad. Ni las paredes de mi furia logran detener mi palabras que se adelgazan para hacerse hojas. Hojas que cortan como cuchilla terroncitos de recuerdos, sabor de amarga azúcar que vierto sobre mi cafe para mantenerme despierta. Esa manifestación narcisista de estar viva y verme al espejo, de ducharme, de rastrillarme todo para no parecerme a lo que antes era. Dormir se ha convertido en mi mayor acto de presencia ese nicho en forma de nube, un refugio indoloro de almohadas donde pongo a descansar mis lagrimas. De donde reencarnan rosas con espinas que dejan raíces de sufrimiento. Aún quedan rastros aún se pueden ver manchas de sangre decorando una silueta femenina. para mi animal díptero. Por Betsy Lupercio

miércoles, 11 de julio de 2012

No estamos en Venta


La luna sangrienta
celebró su independencia,
al tiempo que se nublaba la nuestra...

Se oscurece la noche,
con nuestro futuro,
con nuestras piernas,
con nuestros rostros.

Al compás de las sombras
se mueven nuestras voces:
Agitadas y agúdas,

Hambrientas.

En busca de Moloch.
De el cruel,
                    Moloch.
Él, que tomamos prestado,
y nos comió,
                   Moloch.

En las gotas de lluvia se depositó la esperanza.
Como el pueblo caído
nos bautizó con su nombre.
Yo soy Atenco!
Yo soy Cherán!
Yo soy México!

Grtian las almas

sin cuerpos.

Y sueñan.
                 Y despiertan.
                                       Y piensan.

Lo que hoy parece un pantano
empapado en ignorancia,
mañana será el poder de los pueblos;
en concordancia,
iluminados,
educados.


La democracia será como una silla,
Como un cerro,
Como los huesos:
palpable,
Real.

La democracia será como el hombre.
La democracia tendrá Vida.

sábado, 23 de junio de 2012

Jenna

I came down with the sun.
To notice life. Shit. Hope.
For mankind.
Then I found you.
Dark and bright.
Like my future.
Like everybody's future.
But mine.
No dirt. No rain. No pain.
So far.
But what is life?
If not falling up,
and maybe, down.

lunes, 21 de mayo de 2012