viernes, 28 de octubre de 2011

Om

De vuelta a lo esencial.
O era lo opuesto?
Esencia?
O falta de...

Dónde estabas cuando te busqué?

Ni recuerdo por qué lo hice, pero recuerdo la necesidad de hacerlo. En mi estómago, en mis ojos. En las voces de otras personas que no se parecían a ti.

Intenté buscarte en otros cuerpos más nunca te sentí más lejos.

Qué soy yo para ti?

viernes, 30 de septiembre de 2011

Acto de contrición

Paseaba sólo por las calles; no porque no tuviese quien lo acompañara, si no porque asi se sentía más seguro.
Y dejaba a sus pies tomar las decisiones: a la izquierda aquí, a la derecha por allá. Más nunca se sorprendía al llegar a su destino, pues por más vueltas que diera al azar y sin pensar, sus pies siempre lo llevaban a donde mismo.

Alguna vez pensó en vendarse los ojos y salir así a caminar, ponerse a prueba y descifrar si era el destino o sus pies quienes le jugaban tan injusta broma. Pero el miedo a ser arrollado por un auto era más grande al malestar que le causaba volver a la casa de su madre, quien como de costumbre le miraba desde la ventana, postrada en su silla de ruedas, inherte.
Una tarde hasta creyó que lo saludó. Pero el recuerdo de la mañana en que la vió sufrir la embolia le hizo desechar la idea, el resonar en su cabeza de esa voz llena de odio, pidiéndole que se largara y no volviera le hicieron dar la vuelta y recoger sus pasos.

Como siempre, como de costumbre.

martes, 30 de agosto de 2011

De qué me sirve la vida

Mi boca se duerme de nuevo
A la espera de tus besos,
Mis sueños se convierten en cuentos,
Poemas y versos,
Donde tu eres mi musa,
Mi vida y mi locura.

Te esperé sentado tras la reja de tu casa, impaciente. Conté las piedras en la banqueta y descifré las figuras de las nubes en el cielo. La que parecía un burro me hizo reir. Se que a ti también te haria reir.

El dia que me dijiste que no me volverías a ver mi corazón se seco como una pasa. No lloré ni rogué, pues no está en mi naturaleza, pero ah! Como sufrí.

Junto al río tirabamos piedras, jugamos a ser adultos y pensabamos en el futuro. Tu querías una boda en grande, te veías con tu vestido blanco entrando a la iglesia; preciosa, tranquila, mientras yo esperaba temblando, sonriendo estúpidamente deslumbrado por tu belleza. Te acuerdas Teresa?

Espere por horas y nunca llegaste. Se me ocurrió que estarías en casa de tu abuela y me dirigí hacia ahí. Tampoco te encontré. Caminé el pueblo por horas, con la mirada vuelta loca de aquí para alla. Que loco deben haber pensado que estaba los que me vieron por las calles.

Cuando conocí a tu padre y madre, y me pediste no dijera una palabra para que no se enteraran de mi proceder, pues tenías miedo que pensaran que un muchacho citadino solo venía a jugar con su hija, a corromper su inocencia, me callé como un árbol. Vivo, y sereno, pero en completo silencio. Y tú como el gorrión que canta, sentado en mis ramas, respondías por mí.
Te acuerdas cuándo me cantabas Teresa?

Cuando vi a tu hermano salir de la escuela al dia siguiente, le dí un susto que casi grita. Pero tienes que entenderme Teresa, no pegué un ojo en toda la noche. Mi cabeza daba vueltas y no de mareos, mas de vueltas a las dudas y razones de dónde podrías estar y por qué te estabas escondiendo. Se negó a hablarme de ti hasta que me vió llorar, como un niño sin chupeta, como un perro que se deja en el patio cuando todos estan en casa celebrando, como a un borracho en la banqueta. Pero borracho de qué Teresa? Me contó que te habias ido a Guadalajara a servir en un convento. Que no te buscara, que tu padre tomaría represalias. Pero no me importó Teresa, tu papá no me provoca el mínimo temor.

Ah! Cuando me dijiste que no volverías como sufrí. Sufrí por las palabras que salían de tu boca, como ensayadas y vacías. Sufrí porque en tu cara no veía ni una gota de remordimiento, una señal de amor, de que te dolía como a mí. Sufrí porque te creí. Sufrí porque te dejé ir.

Pasé días en cama, con fiebres y delirios. No creí que lo decías en serio Teresa. No creí que faltarías a nuestra cita diaria; a la hora que esperabamos siempre, desde el minuto en que nos separabamos nuevamente. Mis padres preocupados me trajeron por la fuerza de vuelta a la ciudad. No sé de dónde saqué las fuerzas pero me resistí tanto como pude. Pero el llanto de mi madre suplicando fue más fuerte.

Un año ha pasado y al fin te he encontrado Teresa. Mi Teresa.
Fui a todos los conventos en Guadalajara, seguí pistas y pasé hambres. Regresé a Sahuayo a buscar a tu padre; a retarlo a un duelo por tu mano, por informacion de tu paradero, por venganza, yo qué sé. Pero cuando volví ya no vivía nadie en tu casa.

Y hoy aquí estás.
No en un convento ni en una iglesia. No en Sahuayo ni con tu padre. Te encuentro en un parque tomada de la mano de otro hombre, sonriéndole al sol cuando el acaricia tu vientre. Ese vientre que tantas veces besé yo.

Estoy seguro que tu no lo quisiste así Teresa. A ti no te culpo. Seguro el loco de tu padre te forzó, seguro fue tu madre que nunca me vió con buenos ojos.
Tengo que rescatarte de tu sufrimiento. Darte el amor que te mereces, y tu bebé, nuestro bebé, podrá dormir tranquilo en nuestro lecho mientras crece. Luego le daremos un hermanito para que juegue.

De qué me sirve la vida Teresa, si tu no estás en ella?

Esta noche al fin estaremos juntos.

lunes, 16 de mayo de 2011

Polvos Mágicos.( Polvo eres y en polvo te convertirás)

El polvo se acumula en todos lados.
En el escritorio, en el ordenador, en los cd´s. Toma solo dar dos pasos para que tus zapatos y tu cabello cambien de su color negro original, a un gris que los hace lucir como cubiertos en ceniza.
Al primer -¡Que asco!- tu garganta se cierra para evitar el paso de las partíuclas de suciedad que flotan en el cuarto. Tratas de tapar tu nariz con la mano pero es demasiado tarde, un estornudo se anuncia con estruendo; y al tocarte la nariz, logras percibir una línea de tierra incrustada bajo tus uñas.
Das vuelta rápidamente para abandonar el cuarto, pero el polvo; que con el tiempo incrementa, ahora nubla tu vista. Un segundo estornudo raspa ahora tu garganta y saliva sale despedida sobre tus manos, creando una masa grisácea, lodo. Tu piel siente una comezón incesante. Te tiras a gatas dispuesto a encontrar la puerta. Intentas limpiarte los ojos con una manga de tu camisa, pero solo consigues raspar tus párpados y causarte dolor. Apoyas de nuevo tus manos en el suelo y notas como lentamente se hunden, se entierran en ese polvo acumulado que se siente tan distinto a la arena del mar.
Mantienes tus ojos cerrados y piensas en el cielo azul, en un lago y sus peces. Ese lago que solías visitar cuando niño.

Te quedas inmóvil por un día... Por dos, y cada día te empolvas más, como esa silla vieja guardada en el desván.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Uriel

-Bienvenido al mundo de los muertos- le dijo el hombre que resguardaba la puerta.
Uriel sintió un escalofrío intenso recorrer su cuerpo, más ya no sentía dolor.-No temas- hablo de nuevo el hombre dándole un abrazo,-aquí nadie te dañará-.

Uriel cruzó las puertas que; de alguna manera, sabía no eran las de la eternidad, ni las del cielo o el infierno, si no las del olvido. Uriel sonreía en la oscuridad, mientras sus extremidades, una a una se desvanecían.


Irving G.