viernes, 14 de octubre de 2016

29/15

Sueños de desesperación, aprisionamiento, frío y abandono, sueños de espera,
de vergüenza.

 Te veía dentro de una casa sin
techo a la orilla de una
playa nevada. El viento me
obligó a sujetarme al marco,
la corriente azotó las paredes
con fuerza, la ola te clamó
como suyo.
  Me miraste a los ojos, mis
ojos frío como el mar, los
tuyos desconcertados, suplicantes
como la madera de este lugar,
pediste mi ayuda mientras eras
halado a la oscuridad, yo
acepté dejarte ir. Pero algo en
ese azul infinito de tus ojos
me obligó a tomarte de la mano.
 A la noche siguiente eras el
guardia de la prisión, pero logré
escapar.
 Me uní a un grupo de circo
que me llevó a la mujer que
me leyó mi suerte.
"No te estabas buscando, simplemente
no era el tiempo para ti. Pero
ahora sí es momento de volver. Grandeza
viene para ti".

Desperté decidido a dejarte
pero el transcurso del día,
de los días, me recordó que
somos nuestras decisiones, y
yo decidí dejar de correr.
Esta vez me quedo y lo arreglo,
y si no tiene solución, nos vamos
los dos.
Develé los secretos detrás de su belleza y me sentí desilusionado, pues solo se encontraban pecados de sexo y drogas. Me pareció tan lejano a esa primera impresión.
El dios griego se disolvía como pintura de agua en una fachada bajo la lluvia y permitía la existencia de un ser inferior y decadente, otro mortal.

Busqué y encontré sus defectos; el rancio olor de su sudor después de días de tomar tramadol, su facilidad para ganar peso, la distorción de su rostro al sonreír de manera honesta y natural. Lo encontré ordinario, casi vulgar.

Pero algo despertó en mí, pues la infatuación trascendió a una verdadera admiración. Mis sentidos registraron otro tipo de belleza que no me había permitido apreciar. En ese momento supe que se trataba de amor.
Sensaciones que atormentan
Hay que dejarlo todo atrás, que su propio peso lo hunda hasta las profundidades del lago con los tesoros perdidos de El Dorado, que las lluvias lleguen y hagan difícil rescatarlas en la inundación.

Siempre queremos saber más, creemos que la verdad nos hace libres pero hace más que eso. Nos hace celosos y resentidos. Saber más y sentir menos, eso es lo que queremos lo que nos sentimos enteros y seguros, o creíamos que lo eramos.

Toda una vida determinado a ser autosuficiente, autodidacta, extraordinario, pero la única manera de hacerlo tangible es con el reconocimiento de alguien más. Que egoísmo buscar la adulación. ¿Cómo recuperar la confianza? ¿Ser buenos (éticamente hablando) para qué o para quién?

Buscaba complicidad y lo que encontré y ahora me viste es inseguridad.

Soy una prostituta cibernética.

Mi error yace en romantizarlo todo; o mejor dicho, en mis fallidos intentos de romantizarlo todo.
En tratar de darle un sentido y un valor a los momentos, en buscar "omens" y la semiótica del sueño.

El que sale a buscar lo que no necesita encuentra solo lo que le hace vulnerable.
Somos parte del "todo" pero el "todo" no puede ser parte de uno, porque no somos capaces tolerarlo.

Si hay que darse como el mar, yo quiero ser el mar muerto. Mantenerlo todo en la superficie, que en mi nada toque fondo.
  "Darlo todo por perdido..."

Que los orgasmos rutinarios ya no me produzcan acidez estomacal, que las pasiones efímeras no me provoquen conflictos más grandes o más duraderos a una erección. Y que lo me conforma: cuerpo, mente y alma, vivan en planos diferentes, a menos que yo decida lo contrario.

Soy como la avizpa que buscando la salida quedó atrapada en una telaraña en la esquina de la ventana, aunque en días anteriores me llegué a sentir la telaraña.

lunes, 9 de marzo de 2015

Perder la conciencia. La cordura. El tiempo.
Las ganas.
Perder el vuelo. El dinero. Perder la cabeza
por alguien.
Por todos.
Porque puedes. Porque si.
Perder el juego. Las llaves. La vergüenza.
Pierde el sueño.
Los sueños.
Piérdete en ti.
Piérdete tú.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Parado en el camellón que divide la avenida que me indaga y me presiona. A la derecha la cordura, la tranquilidad, la estabilidad. A la izquierda, tú.

martes, 2 de julio de 2013

"Share"


No se molestó en pinchar en el brazo al éxito,
que se quedó dormido en el camión.
Y se perdió.
Ni de regar de vez en cuando a la
esperanza, que se secó, solitaria
en el balcón.
Como aquél que dejó al amor en la secadora y cuando
recordó sacarlo no encontró más
que una peluza del tamaño de
un botón.
Tales son las prioridades en la
vida...
Que pérdida de tiempo escribir
mis propias letras: mejor hubiese dado
click, en algún botón
de "compartir".

miércoles, 9 de enero de 2013

Tell me a bit about yourself Mr. Caveman

The details of my life are quite inconsequential.... very well, where do I begin? My father was a relentlessly self-improving boulangerie owner from Belgium with low grade narcolepsy and a penchant for buggery. My mother was a 15-year-old French prostitute named Chloe with webbed feet. My father would womanize; he would drink. He would make outrageous claims like he invented the question mark. Sometimes, he would accuse chestnuts of being lazy. The sort of general malaise that only the genius possess and the insane lament... My childhood was typical: summers in Rangoon... luge lessons... In the spring, we'd make meat helmets... When I was insolent I was placed in a burlap bag and beaten with reeds—pretty standard really. At the age of 12, I received my first scribe. At the age of 14, a Zoroastrian named Wilma ritualistically shaved my testicles— there really is nothing like a shorn scrotum—it's quite breathtaking... I suggest you try it. It was at this point I realized my dream is to become the next Al Borland. I really enjoyed watching his majestic body glide across the set of tool time, as his rough, calloused hands worked the tools. How the azure sunset blended beautifully into the flannel vest-of-glory he so magically displayed. The essence of time, and the memories I reminisce remind me of the hours of self fellatio and the dreams I had of sharing a log cabin with a man of the wild. Cain Ducote