-Bienvenido al mundo de los muertos- le dijo el hombre que resguardaba la puerta.
Uriel sintió un escalofrío intenso recorrer su cuerpo, más ya no sentía dolor.-No temas- hablo de nuevo el hombre dándole un abrazo,-aquí nadie te dañará-.
Uriel cruzó las puertas que; de alguna manera, sabía no eran las de la eternidad, ni las del cielo o el infierno, si no las del olvido. Uriel sonreía en la oscuridad, mientras sus extremidades, una a una se desvanecían.
Irving G.
miércoles, 23 de febrero de 2011
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