viernes, 14 de octubre de 2016

Develé los secretos detrás de su belleza y me sentí desilusionado, pues solo se encontraban pecados de sexo y drogas. Me pareció tan lejano a esa primera impresión.
El dios griego se disolvía como pintura de agua en una fachada bajo la lluvia y permitía la existencia de un ser inferior y decadente, otro mortal.

Busqué y encontré sus defectos; el rancio olor de su sudor después de días de tomar tramadol, su facilidad para ganar peso, la distorción de su rostro al sonreír de manera honesta y natural. Lo encontré ordinario, casi vulgar.

Pero algo despertó en mí, pues la infatuación trascendió a una verdadera admiración. Mis sentidos registraron otro tipo de belleza que no me había permitido apreciar. En ese momento supe que se trataba de amor.

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